Construyendo-Modelos-de-Intervencion-con-Jovenes.pdf
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Prevención Socia l de la Vio lenc ia
Construyendo modelos de intervención con jóvenes
Serie jóvenes en r iesgo
Esta publicación es posible gracias al generoso apoyo del pueblo estadounidense mediante la Agencia de Estados
Unidos para el Desarrollo Internacional (usaid). El contenido de esta publicación es responsabilidad única de sus autores y no refleja de ninguna manera las opiniones de usaid o del
Gobierno de los Estados Unidos de América.
“Guía de Comités Municipales para la Prevención”
Impreso y hecho en México, 2015
Derechos reservados www.pcc.org.mx http://www.pcc.org.mx
Contenido
Presentación
Introducción
1. Una mirada ecológica al desarrollo de los jóvenes
1.1 Los jóvenes
1.2 De la juventud a las juventudes
1.3 La condición juvenil
1.4 Lo juvenil
1.5 Una situación demográfica nunca antes vista
1.6 El modelo ecológico: la mirada sistémica
1.7 El modelo ecológico como base para identificar predictores de la antisocialidad juvenil
1.8 Del desarrollo humano al desarrollo de la juventud
2. Factores de riesgo social, factores de protección y resiliencia
2.1 El riesgo social de los jóvenes
2.2 Factores de riesgo
2.3 Factores de protección
2.4 Las situaciones de riesgo social que afectan a la juventud
2.5 Resiliencia: definición y características
2.5.1 Dimensiones de la resiliencia
3. Consideraciones en torno a la violencia juvenil
3.1 De la violencia a las violencias
3.2 Características de las violencias
3.3 Dinamismos de las violencias
3.4 Violencia y trauma
3.5 Violencia juvenil
3.6 Causas de la violencia juvenil
3.7 La violencia juvenil en México: dimensión del problema
3.8 La participación de jóvenes en el delito
Contenido
3.9 Delincuencia juvenil
3.10 ¿De qué mueren los jóvenes en México?
3.11 La violencia que protagonizan los jóvenes
3.12 Comprender la violencia juvenil desde la
violencia urbana
3.13 Lo que genera la violencia en México
4. Seguridad ciudadana, prevención y políticas públicas
4.1 Seguridad ciudadana con perspectiva juvenil
4.2 La participación ciudadana
4.3 La prevención de la violencia y el delito
con jóvenes
4.4 La Ley General para la Prevención Social de
la Violencia y la Delincuencia desde una perspectiva juvenil
4.5 La política pública de la prevención social
de la violencia en México (Pronapred)
4.6 El marco normativo
4.7 El derecho a vivir sin miedo. Prevenir
la percepción ciudadana
4.8 Una política pública aún en consolidación
5. De la estrategia de gestión local al modelo de prevención comunitaria para la resiliencia juvenil
5.1 La estrategia de gestión local para la
prevención de la violencia y la delincuencia juvenil
5.2 Los mecanismos para implementar la egl
5.3 Tendencias actuales en prevención de la violencia
juvenil
5.4 Habilidades para la vida
5.5 Trayectoria de vida y mecanismos de segunda
oportunidad
5.6 Los modelos de prevención comunitaria
5.7 El modelo de prevención comunitaria para la resiliencia
juvenil
5.7.1 Fortalecimiento de factores de protección en
intervenciones de prevención primaria
5.7.2 Fortalecimiento de factores de protección en
intervenciones de prevención secundaria
5.7.3 Fortalecimiento de factores de protección en
intervenciones de prevención terciaria
5.8 Consideraciones al modelo
6. Conclusiones
Referencias bibliográficas
P r e s e n t a c i ó n
El Programa para la Convivencia Ciudadana (pcc) es financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (usaid, por sus siglas en inglés), en el marco de la cooperación entre los gobiernos de México y los Estados Unidos de América, derivado del Pilar IV de la Iniciativa Mérida.
El pcc impulsa una estrategia de gestión local para la prevención social de la violencia orientada al fortalecimiento de la cohesión social en comunidades específicas, don-de la convivencia y la participación ciudadana se han visto debilitadas.
En este marco de trabajo, se ha desarrollado el “Catálogo de Publicaciones”, el cual representa el legado de conocimiento de esta cooperación. Éste ha sido estructura-do en seis series temáticas que pretenden constituir un aporte a la prevención social de la violencia y la delincuencia en México y en la región latinoamericana.
Como punto de partida, el documento Conceptos y estrategias de gestión local presenta los conceptos básicos que definen la ciencia de la prevención social de la violencia y hace una propuesta para fortalecer la gestión de programas enfocados en los factores de riesgo y protección identificados en las comunidades de interven-ción. También considera el conjunto de activos, capacidades institucionales, recur-sos y alianzas necesarias para hacer intervenciones efectivas en el ámbito local. A partir de las áreas de intervención que marca este documento, se desarrollaron las seis áreas temáticas, una de ellas es la que prioriza a la juventud.
El presente trabajo: Construyendo modelos de intervención con jóvenes enca-beza la Serie jóvenes en riesgo, encaminada a desarrollar conceptos relevantes y herramientas de utilidad para los operadores de programas de prevención de la violencia y la delincuencia juvenil, con el fin de presentar una propuesta que contribuya a diseñar, ejecutar y evaluar intervenciones en el campo que se adecuen a los entornos comunitarios en los que operan. En él se pueden apre-ciar elementos teórico-conceptuales sobre la juventud, los factores de riesgo y protección, y los elementos clave para una política de prevención basada en la seguridad ciudadana.
Finalmente, propone el modelo comunitario para la resiliencia juvenil, a partir de la experiencia desarrollada en nueve polígonos, como un referente en la búsqueda de alternativas para la transformación comunitaria.
Este trabajo ha sido desarrollado por Francisco Castellanos García, quien ha dedica-do muchos años de su trayectoria profesional al desarrollo de modelos para la pre-vención y reintegración de niños y jóvenes, y actual coordinador de los programas construyendo modelos de intervención con jóvenes dirigidos a la juventud y a la comunidad en el pcc. También es importante recono-cer el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil que hicieron posible este esfuerzo y de los equipos del pcc en Tijuana, Monterrey, Ciudad Juárez y México, D. F. Hacemos un reconocimiento especial a las y los jóvenes que hicieron posible esta experiencia, agradecidos por compartir con ellos la esperanza de un México más justo.
Esperamos que este aporte sea de utilidad para robustecer las capacidades de las personas e instituciones interesadas en la prevención de la violencia y la delincuen-cia juvenil con enfoque de resiliencia, a fin de que puedan diseñar planes de inter-vención comunitaria más eficientes y más cercanos a las necesidades de los jóvenes y sus comunidades.
Antonio Iskandar Director Programa para la Convivencia Ciudadana
I n t r o d u c c i ó n
¿Qué les queda a los jóvenes?
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos descubrir las raíces del horror inventar paz así sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con Dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno / sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente.
Mario Benedetti
El pcc presenta la obra Construyendo modelos de intervención con jóvenes, que es un análisis conceptual y metodológico de lo que constituye la prevención de la violencia y la delincuencia juvenil en México. Asimismo, propone un modelo de intervención en comunidades, a partir de la construcción de factores de protección.
Quizá pueda existir alguien que se pregunte por qué los jóvenes son la prioridad en la prevención social de la violencia. Pues bien, demográficamente, ellos son la población mayoritaria. En ningún otro momento de la historia se había registrado una población tan alta de jóvenes, que aunque representan las ventajas del bono demográfico, trae consigo grandes desafíos para alcanzar la inclusión social.
Son ellos quienes experimentan la violencia en la familia, en la escuela, en las calles, en la falta de oportunidades y en la pobreza. La familia como célula de la sociedad enfrenta una crisis que no le permite proteger a sus integrantes del flagelo de la criminalidad. La escuela no tiene cobertura para todos ellos. Muchas comunidades carecen de entornos seguros y de espacios públicos habilitados que den contención a los jóvenes colocándolos en situaciones de riesgo. Las violencias se encadenan unas a otras. Además, en la historia de quienes ejercen la violencia y cometen delitos siempre existen antecedentes de maltrato.
Es a la juventud a quien más amenazan los factores de riesgo como la deserción escolar, la falta de oportunidades para el empleo y salarios dignos, el abuso en el consumo de alcohol y drogas, la participación en pandillas, los patrones culturales basados en la inequidad, así como las pocas oportunidades de acceso a la cultura, la recreación y al uso de tecnologías de la información, entre otras. Ellos exigen un cambio de rumbo y buscan hacer efectivo su derecho a una vida libre de violencia en una sociedad que aspira al progreso.
Lamentablemente, son el sector más afectado por la violencia y la criminalidad ya que la mayoría de muertes registradas son de jóvenes, sea como víctimas o como victimarios. México tiene que mirarlos para no perderlos.
La prevención social es la acción que se anticipa a los posibles daños causados por la violencia. Si la violencia juvenil es un fenómeno multicausal y complejo, las estra-tegias para abordarla requieren de objetividad en sus metas, diversidad en sus accio-nes y colaboración de múltiples actores. Para los jóvenes es tan grave es la falta de oportunidades para su desarrollo, como el homicidio o como el sinsentido de la vida en el que han caído muchos de ellos a causa de la desesperanza. Ahí está la señal de alarma que indica la necesidad de atenuar los daños y fortalecer todo aquello que garantiza la realización del ser humano.
Hoy es urgente la puesta en marcha de políticas de desarrollo humano, de seguridad ciudadana y de reconocimiento de los derechos específicos de la juventud.
Como parte de la estrategia de gestión local para prevenir la violencia impulsada por el pcc, se propone el modelo comunitario para la resiliencia juvenil, mediante el diseño de 19 factores de protección que fueron identificados en las comunidades.
Mientras que los factores de riesgo son dados por las condiciones del entorno, los de protección son acciones dirigidas a revertir los efectos y a propiciar mejores con-diciones de desarrollo. Ésta es la tarea del preventólogo.
La participación, la formación de líderes, la educación para la paz y la no violen-cia, el rescate de espacios comunes, la música, el teatro, el uso de tecnologías, la educación en la equidad de género, la comunicación preventiva y la construcción introducción de relaciones de confianza con la policía son algunas de las acciones a realizar en prevención primaria.
La atención de grupos en situaciones específicas (como los adolescentes que se encuentran en riesgo de deserción escolar, los jóvenes desocupados que requieren procesos de inclusión laboral, la atención a mujeres víctimas de la violencia, el forta-lecimiento de las familias para evitar que sus adolescentes se integren a pandillas y quienes enfrentan conflictos y requieren de la mediación comunitaria) forman parte de las acciones que conforman los factores protectores que se pueden implementar en prevención secundaria.
La reintegración social de jóvenes que quebrantan la ley (sea mediante medidas alternativas a la prisión o bien porque se ofrecen oportunidades para insertarse a la vida familiar y productiva cuando salen de reclusión, así como la importancia de la atención integral a jóvenes víctimas de la violencia) conforman las accio-nes de prevención terciaria con base en metodologías específicas y procesos de acompañamiento personalizado.
La estructura de la presente obra se organiza en cinco capítulos.
En el primer capítulo se abordan aspectos sobre los jóvenes, la juventud, así como la condición juvenil. Se analiza la situación demográfica y se presenta el modelo ecológico como herramienta para comprender la violencia desde una perspectiva sistémica.
En el segundo capítulo se presenta qué es el riesgo social, los factores de riesgo y sus niveles, así como la importancia de los factores de protección. Además, se describen algunos factores de riesgo que afectan a los jóvenes como: la deserción educativa, el desempleo, la falta de ocupación, la violencia de género, las pandillas, el acoso escolar, las adicciones y las pocas oportunidades de acceso a la cultura, entre otras.
Asimismo, se analiza el concepto de resiliencia y sus dimensiones individual, familiar y comunitaria.
El tercer capítulo son consideraciones sobre la violencia que afecta a los jóvenes. Se analizan las características y dinamismos de las violencias, los tipos de éstas y los efectos del trauma. También se aborda el concepto de violencia juvenil y algunos datos de la violencia y la criminalidad en México, y se hacen consideraciones sobre la violencia urbana y su correlación con los factores de riesgo.
El cuarto capítulo desarrolla elementos como la seguridad ciudadana, la participa-ción juvenil y el concepto de prevención de la violencia y la delincuencia. Menciona los elementos más importantes de la política nacional señalados en el Programa Na-cional de Prevención de la Violencia y el Delito, así como el marco normativo vigen-
te. Retoma los aspectos de la percepción de inseguridad y la prevención del temor.
En el capítulo quinto se mencionan las tendencias actuales en prevención de la delincuencia juvenil (como la participación de los propios jóvenes en los planes y programas, la integralidad, la intervención con la red familiar y comunitaria). Se con-sidera la importancia de la educación en las 10 habilidades para la vida que propone la Organización Mundial de la Salud, así como la implementación de mecanismos de segunda oportunidad. Propone el modelo comunitario para la resiliencia juvenil con base en 19 factores de protección identificados en la experiencia de campo y los describe según los niveles de prevención.
Finalmente se presenta un modelo gráfico y una reflexión a manera de conclusión sobre los desafíos de la prevención de la violencia y el delito en los jóvenes, desde una visión incluyente, invitando a una ética social que dé sustento a las políticas y acciones de prevención.
El propósito es que el lector al recorrer estas páginas logre comprender con mayor claridad el complejo fenómeno de la violencia juvenil que se vive en el país y en-cuentre pistas para transformar la realidad adversa en posibilidades de desarrollo, donde los jóvenes, las familias y las comunidades recuperen su equilibrio, den nuevo sentido a su vida y puedan poner las bases de un mejor futuro.
La clave es la construcción de factores protectores en las comunidades.
En este capítulo se presentan definiciones básicas para entender a la juventud desde una perspectiva sociodemográfica. Además, se introduce la perspectiva sistémica mediante el modelo ecológico y se coloca el desarrollo de la juventud como el hori-zonte a seguir en toda acción social incluyendo la prevención de la violencia.
Los jóvenes
En principio, vale la pena señalar que no existe un consenso sobre el rango de edad que comprende la población joven. Según la definición de las Naciones Uni-das, los jóvenes son las personas con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años de edad. Constituyen un grupo heterogéneo en constante evolución y la experiencia de “ser joven” varía según las regiones del planeta (unesco); de la mis-ma forma lo define la Organización Iberoamericana de Juventud (oij) a través de la Convención Iberoamericana de los Derechos de los jóvenes. En México, el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) considera a la población que se encuentra en el rango de edad que va de los 12 a los 29 años y el Consejo Nacional de Población (Conapo) considera el rango de 15 a 29 años. La categoría jóvenes difiere signifi-cativamente entre los marcos legales dependiendo de la definición aceptada por organismos internacionales y nacionales, así como del enfoque y problemática que en materia de políticas públicas se quiera atender.
Para fines estratégicos y tácticos, este documento adopta la definición elaborada por el Instituto Mexicano de la Juventud considerando los parámetros que las mis-mas leyes nacionales utilizan para la elaboración de políticas públicas dirigidas a este sector poblacional.
De la juventud a las juventudes
El concepto de juventud es una construcción social. No tiene una definición única, sino un conjunto de significados y atribuciones propias. Es una perspectiva para aprehender el mundo, una construcción simbólica, con diversidad de variantes en su definición que aún no encuentran consenso.
Una mirada ecológica al desarrollo de los jóvenes
1.1
1.2
El término juventud ha sido entendido desde diversas ciencias. Desde las médico-biológicas el concepto se refiere a una etapa del desarrollo físico y psíquico, que representa la transición entre la niñez y la adultez. Las ciencias sociales definen la juventud como una realidad sociológica que alude a situaciones humanas e histó-ricas en relación con la generación adulta; son las características específicas de un sector dentro de su contexto histórico y social que no está vinculado estrictamente a una etapa del desarrollo. Por esta diversidad de realidades, se considera que no existe una sola juventud sino diversas juventudes, mismas que generan identidad, pertenencia y condiciones propias. Desde la ciencia económica, se entiende a la juventud como el conglomerado de personas que conforman el bono demográfico y el sector social impulsor del desarrollo económico. La historia no tiene una defini-ción, pero sí un enfoque generacional, es decir, considera cómo han sido entendidas y clasificadas las diversas juventudes en el transcurrir histórico. Para la antropología, la juventud ha sido estudiada por sus reproducciones culturales y relaciones sociales (Villa, 2011; Espolea, 2012; Buvinic, M.; Morrison, A. y Orlando, M. B., 2005).
Desde una perspectiva cultural, se considera que para que la juventud exista se ne-cesitan condiciones sociales tales como normas, comportamientos e instituciones que distinguen a los jóvenes de otros grupos de edad, así como imágenes cultura-les (valores, atributos y ritos asociados específicamente a los jóvenes). Lo anterior aunado al universo simbólico que configura su mundo expresado en objetos ma-teriales como la moda y artículos de consumo, o bien aspectos inmateriales como la música, el lenguaje, las prácticas culturales y otras actividades (Feixa citado por Taguenca, 2009).
La condición juvenil
Derivado de la noción de juventud desde la perspectiva social, se ha construido el concepto de condición juvenil que hace referencia a las relaciones de poder existen-tes en la sociedad, donde los adultos detentan el control y generan las condiciones que viven los jóvenes. En la sociedad moderna, éstos se encuentran supeditados y dependen de los adultos perdiendo su autonomía, haciendo evidente la desigualdad entre las generaciones y provocando situaciones de tensión entre unos y otros. Es en este sentido que los adultos temen a los menores aludiendo a su peligrosidad y rebeldía, mientras que los jóvenes atacan a los mayores tratando de ganar los privilegios de ellos. La condición juvenil se manifiesta en una gran cantidad de situa-ciones: en las dificultades cotidianas de los ámbitos familiar, escolar, comunitario y social. Las tensiones se expresan particularmente ante las instituciones encargadas del orden (como la policía o el sistema de justicia).
Tanto la violencia como la delincuencia juvenil pueden tener una lectura desde esta interpretación de la condición juvenil, es decir, son realidades que experimentan los jóvenes como consecuencia de lo que los adultos generaron. Identificar las tensio-nes existentes entre el mundo adulto y los jóvenes permite tener una postura crítica ante lecturas tradicionales como la de culpar o criminalizar a los muchachos por el sólo hecho de serlo. Por ejemplo, la condición juvenil nos permite reconocer que si la sociedad adulta es quien detenta el poder, es la responsable de generar las
1.3 una mirada ecológica al desarrollo de los jóvenes condiciones para que todos los jóvenes mexicanos tengan acceso a la educación media superior y universitaria, pero contradictoriamente muchos quedan excluidos del sistema educativo. También nos permite entender que la ola de violencia en el país es producto de una guerra declarada entre adultos, algunos de los cuales perte-necen al crimen organizado y otros son representantes del gobierno y responsables de las instituciones encargadas del orden y la seguridad pública, además de otro grupo que por los procesos de corrupción milita en ambos bandos.
Los adultos son quienes han definido la estrategia de la guerra, cooptan a los jóvenes y los envían a protagonizar la violencia. Estos últimos no tienen poder ante estas fuerzas y quedan a merced de tales grupos cuando han sido reclutados, entrenados y lanzados a los campos de batalla reales o simbólicos. La condición juvenil es una postura crítica sobre la juventud, es decir, no pretende eliminar la responsabilidad de los jóvenes cuando realizan comportamientos inadecuados o culpar a los adultos de todo lo que sucede a los primeros. Lo que busca es mostrar las contradicciones generacionales y hacer comprender que las condiciones de la juventud están definidas más por los adultos que por ellos mismos.
Lo juvenil
Hilvanando los conceptos anteriores, se puede decir que las y los jóvenes en su contexto social específico e histórico conforman las juventudes y viven la condición juvenil derivada de las relaciones de poder y conflicto con el mundo adulto. Estas relaciones de tensión se protagonizan en los diversos ámbitos y muchas veces son generadoras de violencia.
Cuadro 1. Misión de cada generación
La generación adulta tiene la misión de:
La generación joven tiene la misión de:
Reconocer su responsabilidad en la generación de violencias que involucra a los jóvenes
Ejercer su derecho para ser reconocida y atendi-da legítimamente en su condición juvenil ante la generación adulta
Actuar para detener la violencia y sus consecuen-cias y no exponer a las nuevas generaciones
Participar para detener las violencias y exigir su derecho a la seguridad ciudadana. Evitar la re-producción de expresiones violentas
Proteger a las nuevas generaciones enseñando las situaciones de riesgo, la capacidad de enfren-tarlas y favoreciendo la resiliencia
Enfrentarse a la violencia con una conciencia crí-tica y con capacidad de discernimiento entre lo que le beneficia y lo que le perjudica
Asimismo, la sociedad recrea los mecanismos de incorporación de la juventud al orden social mediante las instituciones responsables de la socialización. Sin embar-go, la historia puede dar cuenta de interminables movimientos y estallidos sociales donde se enfrentan jóvenes y adultos. Según diversos autores la manera que tienen los jóvenes de vivir y sobrevivir a las tensiones con lo socialmente establecido por el mundo adulto, produce lo juvenil (Villa, 2011).
1.4
Lo juvenil tiene que ver con la tendencia a lo colectivo, a lo gregario, a la organiza-ción y participación social, se trate de actividades socialmente aceptadas o recha-zadas. Además, hace referencia a lo que es propio de la juventud. En este sentido podemos entender la participación juvenil en la escuela, la cultura, el deporte, etcé-tera, pero también podemos explicar la participación juvenil en lo que no es acepta-do socialmente como la violencia, el delito o identificarse con subculturas juveniles que poseen ideas, expresiones, lenguajes y simbolismos contrarios a los modelos tradicionales de ser joven (que por lo general no son pensados por los jóvenes sino por una sociedad de consumo adulta).
Así, la violencia juvenil tiene connotaciones propias y diferentes en cada país o re-gión por la realidad que le imprimen sus mismos jóvenes. La delincuencia juvenil mantendrá características generales en el territorio nacional, pero tendrá sus parti-cularidades en las diferentes ciudades donde el delito se ha acentuado dependiendo del toque que los jóvenes le den. Por tanto, es importante que al diseñar modelos y estrategias de prevención de la violencia con este grupo de edad, se considere lo propio de las juventudes y los contextos de la implementación.
Reconocer que existe una violencia y una delincuencia con características juveniles, requiere de estrategias de prevención juveniles. Esto es que cuando se aborde la violencia en la escuela, el noviazgo o la participación en pandillas, lo juvenil debe ser tomado en cuenta.
1.5
Tabla 1. Comprender la realidad desde la perspectiva juvenil
Comprender el significado de juventud y juventudes, condición juvenil y lo juvenil, permite:
• Entender la complejidad de la violencia y la delincuencia desde una perspectiva de la juventud y no sólo desde la visión adultocéntrica.
• Identificar a la población objetivo, entendiendo sus condiciones y sus relaciones sociales.
• Visualizar que los fenómenos de la violencia y el delito referidos a los jóvenes tienen matices propios que se deben considerar en la comprensión del problema, el diseño de estrategias y la ejecución de acciones para contrarrestarlas.
• Identificar que la violencia juvenil en México se encuentra en un contexto histórico específico que puede transformase y mientras las causas que la generan no cambien podrá reproducirse bajo nuevas modalidades.
• Aclarar que la violencia y delincuencia juvenil no son fenómenos que por definición aluden a los jóvenes como los causantes, aunque sí como los protagonistas, ya sea como víctimas, victimarios o población en riesgo.
• Propiciar que la prevención de la violencia y delincuencia juveniles ayude a fortalecer los vínculos entre generaciones, para que cada una asuma sus responsabilidades y desarrolle sus propias capacidades para el cambio.
Una situación demográfica nunca antes vista
Actualmente más de la mitad de la población mundial se encuentran por debajo de los 25 años. México, por su parte, tiene una media de 26.3 años de edad entre su población. Según datos del último Censo de Población y Vivienda Inegi 2010, más de 37 millones de personas se encuentran en el rango de edad que va de los 12 a los 29 años, es decir, casi 32% de la población total de México son jóvenes. El llamado bono demográfico o poblacional se refiere al incremento significativo en la proporción de la población que se encuentra en edad productiva, en comparación a la que está en situación de dependencia. Es decir, el bono demográfico significa que la población mayoritaria en edad productiva del país son jóvenes. La actual situación demográfica en México representa grandes posibilidades como el aprovechamiento de una gran cantidad de jóvenes para la generación de riqueza, pero a la vez enfrenta enormes desafíos para satisfacer las necesidades de la juventud y garantizar sus derechos. De acuerdo a los demógrafos, esta situación no se había presentado antes, ni se volverá a presentar en la historia reciente, haciendo de este hecho algo particular.
Este fenómeno visto como una oportunidad de desarrollo para cualquier sociedad pue-de convertirse en una amenaza, en la medida en que gobiernos y sociedad en general no sean capaces de generar respuestas pertinentes a las necesidades que demanda la juventud, como lo son: el acceso a una educación de calidad, servicios de salud, vivienda y entornos seguros; incorporación al mercado laboral, empleo digno y bien remunerado, y una vida libre de violencia y justicia, entre otros. Si no se garantiza el desarrollo para los jóvenes, la amenaza real es la generación de procesos de exclusión social.
Fuente: Elaboración: DIEJ-Imjuve con base en las proyecciones de la población en México 2010-2050, revisión de abril de 2013, considerando la población a mitad de año.
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100 o más 95 a 99 90 a 94 85 a 89 80 a 84 75 a 79 70 a 74 65 a 69 60 a 64 55 a 59 50 a 54 45 a 49 40 a 44 35 a 39 30 a 34 25 a 29 20 a 24 15 a 19 10 a 14
5 a 9 0 a 4
Hombres Mujeres
Gráfica 1. Pirámides de población, México, 2013 y 20201
1 En 2013, la población juvenil (12 a 29 años de edad) representó 32.1% del total de la población. Para 2020 se estima que dicha proporción será de 30.5%, momento a partir del cual se reducirá de manera constante hasta alcanzar 24.4% en 2050 (Imjuve, 2014).
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100 o más 95 a 99 90 a 94 85 a 89 80 a 84 75 a 79 70 a 74 65 a 69 60 a 64 55 a 59 50 a 54 45 a 49 40 a 44 35 a 39 30 a 34 25 a 29 20 a 24 15 a 19 10 a 14
5 a 9 0 a 4
Hombres Mujeres
1 En 2013, la población juvenil (12 a 29 años de edad) representó 32.1% del total de la población.
Para 2020 se estima que dicha proporción será de 30.5%, momento a partir del cual se reducirá de manera constante hasta alcanzar 24.4% en 2050 (Imjuve, 2014).
La condición de exclusión que experimentan millones de hombres y mujeres jóvenes en México no sólo se encuentra vinculada a la incapacidad del Estado para satisfa-cer sus necesidades básicas para alcanzar una vida digna, sino también a la violación de sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. La situación de exclusión queda evidenciada por dos importantes problemáticas: la incorporación al mercado laboral y la inseguridad.
De acuerdo con cifras del Banco Mundial (2012), en 2010 en México se registró una tasa de alfabetización de 98% en la población joven de entre 15 y 24 años.
Sin embargo, junto con el aumento de estas tasas de educación, se viene dando un crecimiento en las tasas de desempleo juvenil representadas, en el 2013, por 9.5% de la población joven entre los 14 y los 24 años (oit, 2013; cepal, 2006), así como una agudización en la precariedad de los salarios y las condiciones de seguridad laboral (principalmente entre los jóvenes que trabajan fuera del sector formal). La pobreza; la inequidad; la falta de oportunidades para desarrollar capacidades; una educación de baja calidad; el trabajo precario dentro de un acelerado crecimiento urbano, con procesos de migración e inmigración desatendida; la falta de identidad y la estigmatización son rostros de la exclusión social que sufren los jóvenes. Todos estos factores que se entrelazan y suceden unos a otros provocan un aumento en el nivel de vulnerabilidad de la vida de los jóvenes mexicanos.
El modelo ecológico: la mirada sistémica
Para entender la violencia juvenil se requiere de una mirada sistémica en razón de que existen diferentes elementos que interactúan y se relacionan para configurarla.
Un sistema se caracteriza por su composición, estructura, entorno y la relación en-tre sus componentes. La violencia juvenil, como otros fenómenos complejos, es el resultado de la relación de elementos personales, familiares, comunitarios y sociales que interactúan entre sí.
Muchas intervenciones en materia de prevención han utilizado el modelo ecológico para entender y explicar la complejidad del fenómeno social de la violencia. Éste se basa en la teoría de sistemas y parte de dos principios fundamentales: 1) que todo ser humano es un ser dinámico y en constante desarrollo y 2) que toda persona se desarrolla dentro de un ambiente cambiante, en donde las relaciones, personas, entornos y contextos se afectan de modo multidireccional y se modifican continua-mente unos a otros (Bronfenbrenner, 1979).
Este modelo permite identificar los factores de riesgo y los de protección en los diferentes entornos que conforman los sistemas dentro de los cuales se desarrollan los jóvenes, las familias y las comunidades. Aunque el capítulo siguiente abunda al respecto, basta señalar que por factores de riesgo se entienden los aspectos que amenazan el desarrollo integral y pueden causar daño a la persona. En senti-do opuesto, los factores de protección son aquellos aspectos que al potenciarlos, reducen el riesgo y promueven el desarrollo de los individuos y de la colectividad.
Este análisis sirve para prevenir y atender las manifestaciones de la violencia en un contexto y tiempo determinados.
1.6
El esquema gráfico nos permite visualizar las relaciones y dinámicas sociales, cultu-rales e históricas en las que cada joven desarrolla su identidad y sus actividades y las cuales no están directamente vinculadas a las características propias del individuo.
Asimismo permite entender las causas y las consecuencias de la violencia y cómo varían entre sí según los entornos en los que se desarrollan determinados momentos de la vida de un individuo o una comunidad. Además, tiene una perspectiva holística que permite comprender al individuo en su integralidad y se opone al pensamiento lineal y funcionalista que se basa en la relación causa-efecto focalizando la respon-sabilidad en el individuo.
Este modelo puede ser útil para ayudar en la construcción de estrategias multisisté-micas, es decir, la intervención simultánea con diversos grupos y sectores sociales a quienes se dirigen una variedad de acciones.
Esquema 1. Dinámicas dentro de las cuales los jóvenes desarrollan su identidad
Exosistema: se “refiere a los propios entornos (uno o más) en los que la persona en desarrollo no está incluida directamente, pero en los que se producen hechos que afectan a lo que ocurre en los entornos en los que la persona sí está incluida” (García S., 2001: 2). Se relaciona con las instituciones y reglas sociales legítimas e ilegítimas (cultura de la legalidad, corrupción, violación sistemática de los derechos humanos, leyes, autoritarismo, etcétera).
Mesosistema: “comprende las interrelaciones de dos o más entornos (microsistemas) en los que la persona en desarrollo participa” (García S., 2001: 2) como la familia, amistades y/o pareja.
Factores de riesgo: violencia intrafamiliar, presión de pares o grupos de amigos, violencia en el noviazgo, características propias de los ambientes en los que se relaciona directamente (deterioro urbano, hacinamiento, deserción escolar, acosos escolar o laboral).
Microsistema: se refiere a “actividades, roles y relaciones interpersonales que la persona en desarrollo experimenta” (García S., 2001: 2). Algunos factores que determinan las relaciones cara a cara del individuo son:
edad, género, raza, educación, etcétera.
Factores de riesgo: baja autoestima, problemas físicos o psicológicos, aislamiento, abandono, imposición de roles sociales, abuso de sustancias nocivas para la salud.
Entorno social
Entorno comunitario
Entorno relacional
Entorno individual
Macrosistema: se “refiere a los marcos culturales o ideológicos que afectan o pueden afectar transversalmente a los sistemas de menor orden” (García S., 2001: 2).
Este nivel está relacionado con el momento histórico en el que se desarrolla cada individuo, las ideologías más representativas, los gobierno (democráticos o autoritarios), los paradigmas de la época, el mercado, las formas de comunicación, etcétera.
Fuente: Betancourt, sin editar.
El modelo ecológico como base para identificar predictores de la antisocialidad juvenil
El estudio “Predictores de la conducta antisocial juvenil: un modelo ecológico” que se realizó con jóvenes de nivel secundaria y bachillerato en Sonora (Frías, 2003) concluye que el modelo ecológico de Bronfenbrenner constituye una representación adecuada de la generación y mantenimiento de la conducta antisocial en jóvenes.
Dicho estudio asoció algunas variables consideradas como factores predictores con los distintos niveles del modelo ecológico, encontrando que sí se relacionan. Por ejemplo, el joven que manifiesta comportamientos antisociales (entorno individual), está fuertemente influido por los entornos familiar y escolar (entorno relacional) y, a la vez, éstos están influidos por los sistemas más amplios.
Las actitudes negativas de los jóvenes fueron identificadas con el entorno social, pues se trata de la influencia cultural, la cual sí repercute en el comportamiento in-dividual violento que se despliega tanto en el barrio como en la escuela. Asimismo, el sistema de creencias antisociales influye en la forma de relacionarse en contextos como la familia, el barrio o la escuela. También se pudo analizar cómo el ambiente negativo del barrio influye en la familia y a la vez en el comportamiento antisocial.
También los entornos comunitarios con carencias influyen negativamente en las fa-milias que ahí viven y más si existen factores como venta de alcohol y drogas.
Las situaciones de violencia en la familia repercuten en los jóvenes que la reproducen, pero los factores que tienen un peso mayor son la ausencia de los padres, la falta de pautas de crianza hacia los hijos y los conflictos familiares. Aunque no se puede res-ponsabilizar exclusivamente a la familia, pues a su vez está influida por sistemas más amplios, ser víctimas o testigos de violencia es uno de los predictores más significati-vos para que los jóvenes asuman comportamientos antisociales y violentos.
1.7
Cuadro 2. Factores precursores de la violencia juvenil
Factores precursores de la conducta antisocial en jóvenes Sistema de referencia
Si el joven presenta conducta antisocial y delictiva como golpear a alguien, robar cosas o causar daños a propiedad ajena
Si los padres ejercen violencia física o emocional hacia los hijos
Si existe presencia de violencia en la pareja
Cuando hay mayor frecuencia y cantidad en el consumo de alcohol o drogas por parte de los padres
Si existe percepción negativa del ambiente familiar
Entorno individual
Continúa...
Factores precursores de la conducta antisocial en jóvenes Sistema de referencia
La percepción de que el barrio es peligroso e inseguro y otros factores como descuido, la venta de alcohol y la falta de infraestructura
Entorno comunitario
Si el ambiente es hostil o existen conductas inapropiadas en la escuela Entorno relacional
Si existen actitudes negativas toleradas por los jóvenes como mentir, robar, evadir la justicia, no respetar reglas, actuar de forma imprudente y arriesgada
Entorno social
Del desarrollo humano al desarrollo de la juventud
Se considera al desarrollo humano como el proceso por el cual se incrementa el bienestar de la sociedad, mediante la transformación y el crecimiento que favo-recen las potencialidades y competencias para todos los sectores de la población.
Busca alcanzar una vida creativa y productiva basada en la convivencia, además va más allá del crecimiento económico o la caída de los ingresos de una nación, lo que pretende es ampliar las opciones para que todo ser humano viva satisfac-toriamente (pnud, 2015).
El desarrollo de la juventud es el acceso equitativo a oportunidades y condiciones de vida, es el proceso social que garantiza los derechos específicos de este sector y per-mite el cumplimiento de sus deberes. Tiene como fin la libertad, la calidad de vida, el bienestar y el progreso del joven en su dimensión individual y de toda la población en la dimensión colectiva (ops, 2007). Se alcanza cuando el Estado garantiza todas las condiciones necesarias para que los jóvenes ejerzan plenamente su ciudadanía.
Los jóvenes cuentan con derechos específicos en razón de la etapa del desarrollo que atraviesan, los cuales buscan garantizar sus necesidades presentes y futuras.
Cada vez más la comunidad internacional reconoce que existen derechos específicos para este sector entre los que se encuentran el derecho a la vida, a la protección, a la educación, salud, empleo, etcétera, y aquellos por encontrarse en situaciones de vulnerabilidad (Caballero, 2015).
La violencia y la delincuencia atentan contra el desarrollo humano. En sociedades donde se sufren estas problemáticas, es importante incluir políticas y acciones pre-ventivas cuya finalidad sea el desarrollo de la juventud mediante el respeto a los derechos específicos de su edad y su condición.
1.8
En este capítulo se abordará con mayor detenimiento qué son los factores de riesgo social que predisponen a los jóvenes a la violencia y al delito, así como su contra-parte, es decir, los factores de protección. Se describe el concepto de resiliencia enfocado a cuestiones psicosociales y su aplicación en los niveles individual, familiar, comunitario y social, a fin de orientar las estrategias y acciones de prevención.
Ya que el objetivo de este material es ofrecer elementos para la construcción de es-trategias de prevención de la violencia juvenil, se mencionan las principales situacio-nes de riesgo social que enfrenta la juventud mexicana para que sean consideradas en las propuestas de intervención y se concluye con el enfoque de resiliencia en sus diversos ámbitos.
El riesgo social de los jóvenes
Desde la perspectiva social se trata de las situaciones de dificultad que los jóvenes enfrentan para integrarse a la vida social, responder a sus exigencias y satisfacer sus derechos. Cuando las condiciones de riesgo e inseguridad prevalecen, los jóvenes en-cuentran dificultad para afrontarlas, tornándose vulnerables ante los posibles daños.
El riesgo de los jóvenes a experimentar la violencia y el crimen se caracteriza por:
• Las condiciones del entorno social que pueden afectar al joven, a un gru-po de jóvenes o al sector juvenil.
• Las situaciones de dificultad social que causan daño a un joven, un grupo de jóvenes o al sector juvenil.
• Las consecuencias sociales que se producen en el comportamiento de los jóvenes.
• La generación de conflictos sociales aún más graves en el sector juvenil.
Desde la perspectiva de la administración de riesgos, éstos son la confluencia de una o más amenazas del entorno que pueden causar daño al joven que se encuentra vulnerable, en un contexto específico. De esta manera, se entiende que el riesgo es
Factores de riesgo social, factores de protección y resiliencia
2.1 la relación entre la amenaza de que suceda un evento negativo y la capacidad indi-vidual, familiar e institucional de responder evitando los daños o bien la capacidad de atender la magnitud de las consecuencias en caso de que el hecho ocurra. Desde este enfoque:
• No es posible hablar de jóvenes vulnerables si no existen amenazas.
• No existe condición de amenaza para un joven o la juventud si no está ex-puesto y es vulnerable a la acción potencial que representa dicha amenaza.
• Se puede prevenir el riesgo en los jóvenes atacando las amenazas o forta-leciendo los factores de vulnerabilidad.
• Es posible que no se pueda trabajar sobre ciertas amenazas que atacan a la juventud porque están fuera del alcance de quienes gestionan o admi-nistran los riesgos. En estos casos lo que queda es fortalecer las capaci-dades individuales, familiares, sociales e institucionales que disminuyan la vulnerabilidad.
• Una amenaza para la juventud es un hecho o conjunto de hechos po-tencialmente dañinos, que cuando encuentran personas o grupos vulne-rables generan riesgos. Las amenazas son factores ajenos a la persona quien no decide cuál de ellas le va a afectar, pues esto depende de lo que exista en su ambiente. Ciertas amenazas potencian la ocurrencia de daños en los jóvenes como la falta de opciones para el estudio o traba-jo, así como la presencia de grupos de la delincuencia organizada en la comunidad.
• La vulnerabilidad en los jóvenes puede entenderse como las debilidades, la propensión a sufrir daños y a tener dificultades posteriores. Por tanto, está dada por el conjunto de condiciones internas de cada joven.
Factores de riesgo
De acuerdo a Peñaloza (2012), los factores de riesgo son las características o cir-cunstancias detectables en relación con una persona, grupo o comunidad que están asociadas con la posibilidad de sufrir daño o la vulneración de un derecho. En este caso, los factores de riesgo son aquellos que incrementan la posibilidad de que los jóvenes experimenten la violencia.
Según el modelo ecológico de Bronfrenbrenner, los factores de riesgo se pueden encontrar en el nivel personal, relacional (familiar, escolar) comunitario o social.
Además son específicos, por ejemplo, uno individual en la adolescencia puede ser la falta de capacidad para discriminar situaciones de peligro o no prever las consecuen-cias de su comportamiento; un factor de riesgo a nivel familiar puede ser la ausencia física o emocional de los padres, y uno comunitario es vivir en una comunidad sin alumbrado público. Por su parte, los factores de riesgo social hacen referencia a situaciones del macrosistema, la ineficiencia de políticas públicas y la carencia de servicios que ofrecen las instituciones, por ejemplo, no existe cobertura en la educa-ción media superior y universitaria para toda la población que lo demanda.
2.2 factores de riesgo social, factores de protección y resiliencia
Esquema 2. Factores de riesgo en la juventud2
El nivel de riesgo también puede clasificarse en niveles como se señala en Riesgo, protección y resiliencia (Reintegra, 2006). Éstos son útiles para comprender la situa-ción de los jóvenes, así como para diseñar intervenciones.
Nivel de riesgo bajo. Cuando un joven transcurre por los procesos de interacción social establecidos y sin mayor dificultad, es decir, vive en un núcleo familiar estable, con adecuado proceso de desarrollo, asiste a la escuela, participa en espacios de re-creación, deporte, cultura, entabla relaciones de amistad fuera de peligro, etcétera.
2 Elaborado por Francisco Castellanos.
Individuales Baja autoestima
Agresión Bajo control de impulsos
Déficit de habilidades sociales Participación en pandillas
Desafío a la autoridad Consumo de sustancias o uso de armas
Sociales Mayor cantidad de población joven
Sistema educativo que expulsa Cobertura educativa deficiente
Empobrecimiento Falta de oportunidades para el acceso al trabajo Políticas represivas
Normalización de la violencia
Familiares Falta de supervisión de los padres
Violencia familiar Vínculos débiles
Negligencia Abuso
Necesidades básicas no cubiertas
Escolares Bajo rendimiento escolar
Dificultades de aprendizaje Acoso escolar
Deserción/abandono Escaso interés
Deficiente calidad de la educación
Comunitarias Carencia de servicios públicos e infraestructura Manejo de conflictos mediante la violencia Ausencia de normas de convivencia
Presencia de grupos antisociales Farmacodependencia y narcotráfico
Falta de programas sociales
Nivel de riesgo medio. Cuando un joven no tiene todos los satisfactores que ne-cesita para su desarrollo y experimenta ciertas dificultades. Por ejemplo, un joven que vive en un entorno familiar estable, pero no tiene acceso a la educación media superior por lo que permanece más tiempo en la calle.
Nivel de riesgo alto. La mayoría de las necesidades del joven no son cubiertas y se incrementan los factores de riesgos en distintos ámbitos. Por ejemplo, un joven procedente de un núcleo familiar violento, que no estudia, ni tiene empleo y se inicia en el consumo de drogas.
Desde el punto de vista del diseño de políticas públicas y estrategias de interven-ción, se recomienda la realización de acciones que disminuyan o mitiguen los facto-res de riesgo y fortalezcan los factores de protección.
Factores de protección
Todos los jóvenes se encuentran potencialmente expuestos a diversos factores de riesgo, sin embargo también existen otros que los protegen y actúan como contra-peso llamados factores de protección. Éstos son todas las condiciones existentes o intencionalmente generadas que le permiten al joven disminuir o contrarrestar las situaciones adversas, superando las situaciones de riesgo y desarrollando la resiliencia.
También son considerados como aquellas fuerzas internas y externas que contribu-yen a que una persona resista o aminore los efectos del riesgo, por tanto reducen la posibilidad de problemas en ciertas circunstancias (Raffo & Ramsey, s.f.). Esto nos sugiere que los factores de protección se encuentran en el entorno, pero también en las habilidades que desarrollan las personas, familias y grupos sociales. A conti-nuación se describen algunos tipos de ellos.
Factores de protección individuales: favorecen la formación de vínculos afecti-vos y de protección con las figuras parentales, la adquisición de confianza y la capa-cidad de comunicación clara, directa y oportuna. Además, influyen en la capacidad de reconocer las propias deficiencias y de pedir ayuda, en el discernimiento y juicio social, en la resolución de conflictos, en el desarrollo de habilidades para el estudio y el trabajo, así como en la autoestima, la creatividad, el pensamiento crítico, el sentido del humor y la capacidad de manejar relaciones interpersonales y afectivas.
Factores de protección familiares: tienen que ver con el manejo de normas y lí-mites claros, definición de roles, organización de la vida cotidiana y con la capacidad de protección y supervisión de los adultos hacia los menores. Asimismo, permiten la adaptación a las diferentes etapas del ciclo familiar, el manejo de conflictos, el apoyo entre los integrantes, las posibilidades de trabajo y manutención, la flexibili-dad, el apoyo con la red familiar extensa o comunitaria, así como con los sistemas de creencias que impulsan al desarrollo.
Factores de protección comunitarios: promueven el fortalecimiento de vínculos de apoyo y participación en necesidades y problemas comunes, la presencia de líde-
2.3 res y organizaciones que promueven el desarrollo local, los programas de apoyo a grupos vulnerables, la cantidad y calidad de los servicios públicos, la percepción de seguridad, la presencia de autoridades e instituciones al…
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